Aprendiendo sobre huertos haciendo voluntariado

Hay búsquedas que comienzan por un sueño, otras con una pasión, quizá algunas nacen de una necesidad. La realidad es que cada búsqueda tiene un motorcito que las hace avanzar, que les inyecta la energía para comenzar y continuar por el camino. 

Hace algunos años llego a mi la necesidad de comenzar un huerto, quería sembrar las hortalizas que llevaría a mi mesa pero no tenía idea de cómo o dónde. Las preguntas inundaban mi cabeza y se convertían en mega dudas que no me dejaban avanzar, algunas el señor google las contestaba otras sentía  que era sólo cuestión de llevar manos a la obra, entonces esta búsqueda me llevo ha hacer mezclas que a mi parecer eran divertidas y que me permitieron sentirme más segura para lanzarme con mi primer huerto, como me gusta mucho viajar mochilera y soy una ferviente creyente de los voluntariados ( en mi experiencia es una forma de ayudar y de aprender)  decidí en el verano del 2012 irme de voluntaria a un Rancho autosustentable llamado el Chuzo en Coahuila, esto sería por decir mi inicio más formal como huertera :). Hice el contacto por Internet y me lancé a la  maravillosa aventura, les comparto lo que escribí sobre la experiencia en aquel momento:

Me interesaba mucho vivir la experiencia de trabajar en un racho autosustentable, busqué  por Internet y los que encontraba estaban en el sur del país. La realidad es que a mí me convenía  un rancho al norte de México con condiciones lo más similares posibles al clima y la forma de vida de mi estado, así que cuando encontré el Chuzo me encantó la idea, me puse en contacto con ellos vía Internet  y me aceptaron como voluntaria. Una mañana después de votar el 1 de julio del 2012 me lancé a la aventura con la expectativa de  vivir  y sobre todo de aprender de la experiencia.



En el rancho viven una familia de cinco personas, tres adultos y dos niños hermosos, tienen una casa grande y ecológica construida de adobe muy alta para cuestiones de regular la temperatura interior, la luz la obtienen de celdas solares,  el agua la sacan del subsuelo con un molino de viento y cuentan con un baño seco. La casa esta dividida en dos partes totalmente independientes; una para José Luis que es el abuelo de esta familia que es súper cool  y la otra parte para la pareja con sus dos pequeños. La parte de José Luis es el lugar donde esta el cuarto de voluntarios así que allí fue dónde me hospedé todo el tiempo que estuve con ellos.





Ser voluntario comprende  trabajar a cambio de la experiencia, comida y hospedaje. Como puedes imaginar en un rancho como este se trabaja duro desde que Dios amanece hasta que el cuerpo aguante :), los días pasan rápido y hay tanto por hacer que simplemente es difícil darse abasto. Tienen buena parte de su tierra cultivada y un huerto grande con arboles frutales y hortalizas de donde cosechan gran parte de sus alimentos, además tienen dos vacas, un cerdo, y muchas gallinas, hay un taller donde elaboran, quesos, crema, envasados, sirope, mole, chorizo, deshidratan todo lo que les es posible y, conservan de formas inimaginables productos que cosechan en ciertas épocas del año. Los sábados van a Saltillo a vender ciertos productos que ellos elaboran que son frescos, orgánicos o naturales.








Me encantó la idea de alimentarnos en gran parte de lo que el rancho produce, tratan de adaptarse en todo momento a cocinar con lo que tienen a la mano, el tiempo que estuve con ellos compraron pocas cosas pero siempre pensando en que estas fueran lo más sanas, en la mayoría de los casos libres de conservadores y azúcar refinada. Las labores de la cocina las repartimos entre los cuatro adultos así que me tocó organizarla un par de veces en el tiempo que estuve con ellos, fue bastante emocionante y sobre todo satisfactorio no tener que tener una tienda cerca para planear lo que comeríamos. 












En el Rancho no hay TV, ni WIFI, para comunicarse por internet tienen una pequeña oficina en el pueblo cercano. He de confesar que estuve siempre conectada por mi celular, aún así me pareció complicando adaptarme al ruido del silencio. La vida allí me pareció bastante disfrutable, obviamente no todo es trabajo hay tiempo de recreación, hay mucho libros y aunque yo llevaba el mio algunas tardes José Luis y yo comentamos sobre algunos que tenía en su biblioteca personal y me hizo un par de recomendaciones interesantes. Al caer el sol una de mis actividades era regar el huerto, poco después llegaban los niños para invitarme a jugar, en verdad me hicieron sentir como una chiquilla otra vez corriendo para perseguir a los ladrones.


Las mañanas eran épicas, despertar con el olor a tierra mojada y el café recién puesto por José Luis no tenía precio, aunque platiqué con todos el vinculo más cercano lo hice justamente con él quien antes de mudarse al Chuzo vivía en la Cd. de México y trabajaba como historiador, nuestras platicas fueron una verdadera delicia, un par de veces tuve la oportunidad de convivir con sus amigos todos ellos con proyectos bastante interesantes, uno de estos proyectos es  Villa de patos una empresa de productos orgánicos que hasta donde entiendo nace en General Cepeda el pueblo dónde esta el Chuzo.



En realidad llegué al Chuzo con muy poca experiencia en cuanto a las labores del campo y algunas veces el trabajo tan pesado me hacia pensar en salir huyendo, pero aprendí mucho no sólo sobre huertos y sustentabilidad, además lo hice sobre mi misma. Trabajar con el sol en lo alto con una temperatura cerca de 35 grados centigrados y un pico en mi mano surcando la tierra hicieron que mi temple fuera puesto a prueba, pensaba en que estaba haciendo allí cuando podía estar disfrutando de mis vacaciones en cualquier otro lugar, pero al final de cuentas cada minuto invertido me hicieron constatar que parte de ello tenía que estar en mi vida. 






Al final de cuentas el Chuzo resultó una gran experiencia, conocí gente maravillosa que llevaré en mi corazón, respire aire limpio, vi hermosos atardeceres, una luna llena increíble saliendo desde una cordillera al horizonte, volví a ser niña, aprendí y sobre todo me aseguré que la sustentabilidad  ecología es un proyecto de vida para mí.

Ojalá se animen a hacer alguna vez en su vida algún voluntariado es una manera interesante de aprender, ayudar y sobretodo establecer intercambios alejados del dinero.

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