"Aprendiendo sobre huertos 2da vuelta" haciendo voluntariado en Rosarito

Hace unos días se conmemoró el día mundial del voluntariado que es el 5 de Diciembre, y como antes lo dije este tipo de "trabajo" me parece una forma muy interesante de dar, recibir y sobre todo de aprender, créanme no importa la edad, o el genero, sólo es cuestión de querer y organizar tus tiempos para serlo. Yo, les dejo la historia voluntariado que hice en Rosarito, Baja California:

Después de una primera experiencia como voluntaria en un rancho sustentable y de lo buena que fue a nivel general busqué la oportunidad de emprender la aventura una vez más :), sólo que ahora lo hice por medio de WWOOFING que es una comunidad en Internet en la cual pagas una membresía anual y tienes acceso para contactarte con granjas sustentables al rededor del mundo las cuales también se dan de alta con el fin de atraer voluntarios. La experiencia en la página en realidad no fue  buena porque pagué y nunca me registraron como usuario, así que sólo tenía acceso a medias ya que podía ver algunas granjas pero si estas no tenían en sus perfiles una forma de contactarme con ellas no podía hacerlo por medio de la comunidad cosa que me limitaba bastante, al final nunca me reconocieron como usuario a pesar que mandé muchos correos de inconformidad, aún con esto logré contactar con una granja en Rosarito, Baja California los cuales me aceptaron como voluntaria.







El lugar se llama Elegancia Orgánica y esta ubicado a la salida de Rosarito carretera a Tijuana. Llegué una tarde de julio con el cielo nublado y con un clima bastante benevolente, de hecho quedé impactada ya que yo esperaba que por las fechas y por ser playa estuviera súper caliente pero la novedad fue que la mayoría del tiempo estaba nublado y fresco, aún así  procuraba levantarme tempranito para terminar la faena diaria lo antes posible ya que a diferencia que mi otra experiencia aquí nos pedían un aproximado de 6 horas diarias de trabajo. En realidad la experiencia fue totalmente diferente a lo que viví en Rancho el Chuzo, en primera desde que llegué tuve compañeros que al igual que yo hacían voluntariado por diferentes razones, había tres chicos universitarios de Tijuana que eran súper pro de la naturaleza y estaban aprendiendo de la experiencia, un chico de Holanda que estaba viajando desde California hasta el Perú sin gastar mucho y trabajando de lo que fuera posible, un señor de la Cd. de México que según lo que me platicó había llegado allí para explotar una mina que había comprado muchos años antes pero que las cosas no había funcionado como él esperaba y se encontraba en un momento crítico de su vida así que en la Granja le habían dado techo y comida por trabajo y, yo que como ya saben mi idea era aprender llevando manos a la obra.




En la granja vive una familia integrada por una pareja y sus dos hijas, según lo que ellos me platicaron ella era payasita graduada de una escuela de payasos en España ( yo desconocía totalmente que algo así existiera pero existe jajaa :)) y él un poco trotamundos que había decidido establecerse en Rosarito y probar suerte con esa granja ya que había heredado la tierra. La verdad en general todo era bastante relajado, para cuando llegué tenían sembrado maíz, calabacita, mucho cilantro y rábano ya que le vendían algunos restaurantes de tacos en Tijuana, también tenían una hermosas matitas de albahaca, y unas tomateras que se empeñaban en no morir pero ya muy descuidadas y estas eran más bien para consumo familiar.


  
 Había mucho trabajo por hacer, los sembradíos estaban invadidos de mala hierba que tendríamos que quitar prácticamente a mano, productos que cosechar y una serie de trabajos inconclusos por aquí y por allá. Yo llevaba esperanza de aprender sobre como sembrar y otras tareas relacionadas al campo, pero la realidad es que a todos los voluntarios nos concentráron en tareas de deshierbar, limpiar, y mover de un lado a otro cachivaches y escombros. No podría decir que nada aprendí, siempre se aprende de convivir con otras personas, y más cuando esas personas son tan diversas entre sí, además el salir fuera de tu zona de confort siempre impacta y ayuda primero a revalorar y agradecer por lo que tienes y luego así sin más te das cuenta que en realidad no necesitas de tanto para que tus pulmones sigan respirando azul clarito.






La rutina diaria era levantarnos cada quien a la hora que se le acomodará, el holandés siempre le acomodaba por allí de las 11 de la mañana jajaja, los demás procurábamos mucho más temprano. El señor de la Cd. de México era el que se encargaba de limpiar la casa dónde estábamos la mayoría (cosa que resultaba complicada ya que llovía constantemente y metíamos mucho lodo con los pies, además que las puertas siempre estaban abiertas y los perros de la familia entraban como Pancho por su casa), él mismo procuraba hacer la comida para todos, he de confesar que como a mi me gusta cocinar aveces entre descansos lo apoyaba cortando algo del huerto o en lo que él me pidiera. Aunque buscábamos aprovechar en las comidas lo que la granja daba en realidad no era mucho, hacíamos ensalada de nopales, verdolagas, gazpacho y algo que recuerdo con gran gusto fue del día que cocinamos una sopa de verduras con granos de maíz que acabábamos de cosechar, sin miedo a equivocarme esa fue la comida más apetecible y deliciosa que probé en mi estancia, imaginen esa maravilla en la mesa después de una faena larga y extenuante en la milpa.











Por las tardes nos reuníamos algunos voluntarios y nos íbamos a la playa a ver la puesta del sol mientras cantábamos con una mini guitarra que el holandés tocaba, nos tomábamos algún trago por allí o simplemente hacíamos lo que a cada quien le apeteciera (a mi me gustaba sentarme a leer hasta que el sol desapareciera al horizonte u observar a la gente en la playa caminar en las tardes con neblina), pero lo que si era una cotidianidad era regresar a cenar juntos como una gran familia recién formada, haciendo un poco de sobremesa para luego dormir.





Así pasaron mis días en Rosarito, riendo y cantando mientras trabajábamos, contando historias en las noches de lluvia en una mesa a circulo, meditando a las orillas de la playa sin atreverme a entrar en ese mar helado y con muchas pero muchas horas invertidas arrancando mala hierba de los sembradíos mientras miles de pensamientos invadían mi cabeza.


 Antes de regresar a mi tierra decidí quedarme unos días más para conocer Tijuana, en parte por aceptar la invitación que me hicieron los chicos que hacían voluntariado junto conmigo de recorrer las calles tijuanenses caminando y por otra parte que me encanta el relajo jajaja. Cómo no tenía muy bien definido lo de quedarme  en Tijuana un día antes de partir de Rosarito mandé a couchsurfing algunos request para ver si me podían hospedar, no suelo hacerlo de forma tan precipitada pero agradezco que todos a los que les envié estuvieron dispuestos a hacerlo. Decidí  con un excelente tino hospedarme con una chica de lo más genial y buena onda, Anel. Ella me presentó a Sandra e Hilda sus amigas con las que compartí excelentes días, en verdad quedé infinitamente agradecida por todas sus atenciones y buena vibra. Una tarde al calor de unas cervezas artesanales Sandra propuso ir a Ensanada a los viñedos y en un abrir y cerrar de ojos teníamos organizado gracias a ellas un viaje de ensueño en el cual la pasamos genial, Sandra llevó a su abuelita y su madre unas señoronas (de esas personas que se quedan para siempre en el corazón) y juntas incluidas con Anel y yo :)  hemos disfrutado enorme cada momento, tomamos harto vino, nos reímos como chiquillas y comimos genial,  ohhh sin omitir en taco de ojo que me dí al ver lugares tan lindos, incluido un atardecer sobre la carretera llamada escénica (carretera entre Rosarito y Ensenada) que cerró con broche de oro un día y un viaje fantástico.




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