Una reflexión en un principio de año 2017 agitado

Soy lo suficientemente viejita :) para recordar que por finales del 1900 y principios del 2000 ¡vuaalaaa! entramos en una etapa de cambios vertiginosos que para la mayoría de nosotros sonaban a progreso. Chihuahua una ciudad pequeña aún comenzó a recibir corporaciones internacionales de tiendas departamentales y supermercados, cadenas de restaurantes en su mayoría de fast food que nosotros que vivimos cerca de la frontera antes sólo podíamos comprar en el extranjero si es que teníamos esa posibilidad, así que eso por lo menos para los que eramos más jóvenes sonaba a la posibilidad de "vivir mejor" en mi caso me encantaba que mis papás me compraran esta chatarra :).

Por la época llegaron además grandes cambios tecnológicos, cada familia podía con más facilidad accesar a ciertos aparatos electrodomésticos que eran un placer y facilitaban la vida que dicho sea de paso cada vez se hacia más rápida y complicada. Creo que sin darnos cuenta siquiera de donde estábamos parados nos llegó la posibilidad de tener una computadora en casa con acceso a Internet, fue en este tiempo también que  los teléfonos celulares empezaron a bajar de precio y a diversificarse, ya no sólo ciertas clases sociales eran las únicas que los podían usar sino había esa maravillosa posibilidad de aspirar a uno y eso era genial ya que el futuro había llegado literalmente a nuestras manos y también cada uno de nosotros compró su propio localizador, chip, código de barras o como le quieran llamar para que los que "manejan el mundo" nos tuvieran siempre en el radar.

Hoy las posibilidades parecen ser infinitas para muchas cosas, el mundo da esa idea de ser tan pequeño y accesible que es imposible que fracases en la idea de conquistarlo, se nos vende por las redes sociales y los medios de comunicación esa ilusión de que todo es posible lograr y de lo fácil que es " vaya gran mentira", pero se ve y suena tan lindo que hasta los mayores  caemos en esta loca idea del mínimo esfuerzo con grandes resultados, y eso para la gran mayoría de las personas es una falacia. Son pocos que tienen en sus manos las grandes decisiones y a ellos les interesa que cada vez seamos más iguales, que deseemos lo mismo, pensemos poco y consumamos muchas porquerías que no necesitamos pero que por medio de la mercadotecnia nos venden y no hablo sólo de cosas, también de ideas, de gustos, de tendencias, quedando cada vez más lejos de lo que tú individualmente necesitas o quieres, va todo de afuera para adentro, no nos damos cuenta que no decidimos que no nos cuestionamos que ya desde muy pequeños alguien decidió por nosotros y condicionó nuestras vidas.

Al final del día no piensen que por la anterior reflexión soy una pesimista, lejos estoy de ello, soy de las optimistas que tienen los pies  bien puestitos en la tierra y la energía para emprender acciones que estén en mis manos para generar los cambios de los que hablo. Cada cabeza es un mundo eso lo tengo claro, pero creo que todos entendemos lo que significa hacer algo o quedarse con las manos cruzadas.

 Para todos los que nacimos a finales del siglo pasado y lo que va de este nuestra vida esta marcada por el cambio constante nos guste o no. Mi propuesta es volver a lo básico para evitar sólo escuchar el caos que existe en el mundo,  anclar nuestros pensamientos y sentimientos a nuestro interior,  buscar la paz dentro de nosotros nunca fuera,  depender lo mínimo posible de las decisiones de otros, con esto no hablo de ser individualistas hablo de reconectarnos con nuestro interior y nuestra humanidad para volver a honrar, amar y respetar la vida en todas sus vertientes, si sembramos dentro de cada uno de nosotros estaremos listos para garantizar grandes cosechas al exterior.


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